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Las calderas son equipos de calefacción en los que el aporte de calor proviene de la combustión de diferentes combustibles, los más habituales, gasóleo, gas natural, GLP -propano, butano-,… Este aporte de calor se aprovecha para calentar un fluido, que generalmente es agua, y que va a realizar un recorrido a través de un sistema de distribución, radiadores o suelo radiante, para el calentamiento de la estancia o vivienda. Estos equipos alcanzan rendimientos del 90%. Según el tipo de combustión las calderas pueden ser:
Además de la clasificación anterior, existen en el mercado calderas con modulación automática de la llama, que minimizan los arranques y paradas de la caldera y regulan el nivel de la llama a las necesidades reales, ahorrando así energía.
Las calderas en general, se clasifican en función del rendimiento energético, de 1 a 4 estrellas, siendo la de 4 estrellas la más eficiente. Esta clasificación se eliminará en un futuro, pero está vigente mientras no se apruebe la nueva clasificación energética para calderas.
Los sistemas de distribución más habituales para las calderas convencionales son:
A la hora de adquirir una caldera, aunque sean más caras es preferible optar por calderas de condensación o baja temperatura, que son más eficientes. Otro factor a tener en cuenta es que tenga modulación de la llama automática. Si vas a instalar el sistema de distribución o a cambiarlo, plantéate instalar suelo radiante en tu vivienda en vez de radiadores, ganarás en confort y ahorrarás energía.
Las calderas convencionales sólo pueden aportar calefacción a nuestras viviendas. Si deseas tener refrigeración tendrás que instalar un equipo específico. Una forma de aprovechar al máximo tu caldera es emplearla también para la producción de Agua Caliente Sanitaria (ACS).
Ventajas:
Desventajas:
El uso de este tipo de calderas es muy sencillo, sólo se enciende y se apaga en función de la demanda de calefacción o no.
En las calderas es necesario realizar un mantenimiento periódico de las instalaciones, y para las calderas que funcionan con gas natural se debe realizar una revisión de las instalaciones anual.
Si tienes radiadores, debes realizar purgas periódicas de los mismos, para eliminar el aire acumulado que dificulta la transmisión del calor del interior del radiador al exterior.
Para una regulación de la temperatura lo mejor es instalar un programador en la sala principal (salón-comedor) que permita programar el encendido/apagado de la calefacción por horas y días de la semana.
Además, instala válvulas termostáticas en los radiadores de tu vivienda, es una solución accesible y fácil de colocar, y podrás regular de forma independiente la temperatura de cada habitación.
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